Mostrando las entradas con la etiqueta Zen. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Zen. Mostrar todas las entradas

domingo, 4 de noviembre de 2018

Una enseñanza de Hui Neng

Hui Neng, el Sexto Patriarca. El último de los llamados Maestros Fundadores del Zen, fue una persona sencilla (analfabeto, incluso) quien alcanzó la iluminación casi por accidente. 

Vivió entre el 638 y el 713 de nuestra era en la China del Sur, buscando siempre enseñar a quienes no eran letrados ni estaban en los monasterios: ¡A las personas comunes! 

Sin embargo, gobernantes y gente importante lo seguían para escuchar la esencia del Zen.

Imagen relacionada

Al respecto, usaba un poema con instrucciones para que sus discípulos lo memorizaran, del cual extraigo una estrofa:

Limítate a liberarte de tu propio error mental:
Elimina la aflicción de tu pensamiento.

Cuando ni el odio ni el amor afecten tu mente
¡Estira las piernas y échate a dormir!

¿Qué tal la idea?
¡Eso si es desapego!
(condición necesaria para salir de Matrix a voluntad)

domingo, 6 de agosto de 2017

Pensamiento de Hoy: Lao Tsé


Para calmar nuestra angustia por no encontrarnos.
Por no lograr conocernos y nunca saber a dónde vamos.
Es necesario mirar hacia adentro y observar la respuesta.

¡Si tan siquiera tuviésemos un poco de tiempo para esa introspección!


jueves, 19 de mayo de 2016

Zen



Dios.  Tan grande como es, respira.
Palpita por las dimensiones
emanando uno, dos, diez mil Universos
que periódicamente se expanden y comprimen

En un inmenso fuelle de vida
-Gaita que se toca a sí misma-
el poder  y la sabiduría impávida respira.
Respira.
Respira.

Un big bang es su larga expiración creativa
Mientras que su suspiro todo lo recoge
cobijándonos de un solo sorbo
en su interior
estático.

¡Ay! Bendito Zen que por un rato
me liberas del yugo del tiempo y que volando
me teletransportas al centro de galaxias
donde Él, eterno,
respira.

Silencio y vacío que todo lo contienen:
Los sitios,  los eventos
y todos los sucesos del pasado y el futuro.
Me cuelo por un rato en ese vórtice inmóvil
donde todo existe en potencia,
expresable y dispuesto a desaparecer de nuevo.

Precioso Zen que suspirando
me das un atisbo de presente
a escondidas del verdugo Tiempo
que fantasmal, me ata al cepo

Ojos desenfocados, muy abiertos
conectan con el gran Observador inmóvil
y me dan un poquito de su aliento
para continuar mirando con asombro.

Sustancia flotante y relajada
que amable y naturalmente me recibes
ronroneando como el aire que entra y sale sin motivo.

Reencuentro de pródigo filio distraído
sin explicaciones ni disculpas.
sin redención ni penitencia
con naturalidad de siglos y milenios.

Me dejas entrar en tu avalancha
de fresco prana que entra y sale,
por fin quieta, gravitacional motivo
años luz de vidas y colores me circundan.
Tú,
precioso Zen sin ínfulas conduces
por caminos sin espacios
de la mano
al rayito de sol desprotegido
hasta el Dios Ra de sus ensueños
para el contacto
efimero -por ahora-
que en amorosa luz un día nos prometieras.

¡Ven! Madruga a acompañarme,
que impaciente
¡Requiero tu claridad y tu dulzura!