domingo, 28 de septiembre de 2014

No Soy Un Cuerpo. Soy Libre. UCDM. Lección No. 199.


En el Japón antiguo, un comerciante de sedas conocido en su pueblo por su buenos sentimientos y su honestidad, tuvo en un viaje que cruzar un sendero solitario y peligroso, donde se le apareció un gigantesco y feroz ogro que producía un hedor inaguantable, con colmillos sangrantes y de aspecto definitivamente hambriento.

En este cuento budista, apenas el ogro vió al buen hombre, le anunció que iba a devorarlo, y se abalanzó sobre él sin tener en cuenta sus súplicas. El buen comerciante entonces, se acordó de la diosa Tara, a la que siempre le había tenido una gran devoción y la invocó pidiéndole protección.

La diosa apareció inmediatamente, pero ello no intimidó al ogro, quien de un mordisco se comió el brazo derecho del comerciante.

Tara reaccionó arrancándole un brazo al ogro y colocándoselo en su lugar al hombre.

Entonces el ogro le arrancó el brazo izquierdo al aterrado hombrecillo y lo engulló de un solo bocado. La diosa, rápidamente le arrancó el otro brazo y se lo puso al hombre.

Y así continuaron con una pierna, luego con la otra y finalmente, cuando el ogro se le comió al buen hombre la cabeza, Tara le colocó en reemplazo la del monstruo.

Una vez pasado el peligro, la divinidad desapareció dejando al comerciante en una gran confusión, en mitad el camino: Con el cuerpo total del ogro...

¡Qué horrible sensación! Pero si tenía cuerpo de ogro, entonces, ¿Quién era él?

Allí viene lo profundo y filosófico del koan budista: ¿Soy mi cuerpo?
O mejor dicho: ¿Quién soy sin mi cuerpo?.
O peor: ¿Quién soy en el cuerpo de un ogro? ¿El ogro? "¡No! ¡Yo no seré jamás el ogro!" dijo el buen hombre en el cuerpo del monstruo. Pero entonces, ¿Quién soy?

Es equivalente esta idea oriental a la Lección 199 de Un Curso de Milagros, en la cual lo que debemos repetir y aprender, es: NO SOY UN CUERPO. SOY LIBRE:


Esta posición ante el cuerpo es realmente liberadora, porque rutinariamente, un alto porcentaje de lo que hacemos va dirigido a él, a su cuidado exagerado, al "mejoramiento" de su aspecto y a su seudo curación.

A la vez, es lo que fomenta nuestros egoísmos y sentimientos de separación, haciendonos sentir solos y desprotegidos en esta existencia.



sábado, 13 de septiembre de 2014

Música Inspiradora. Tienes un amigo.


Un amigo es algo que se da silvestre... alguien que aparece cerca sin que uno lo note... sin buscarlo, sin esfuerzo... y se hace parte de nuestra vida para siempre.

Suceso que pasa muy pocas veces en la vida.

Acontecimiento que posiblemente requiera conjunción especial de estrellas y astros y una geoposición privilegiada y única.

A veces ese amigo se vuelve un amor, o a veces un recuerdo. Pero en todo caso, hasta el fin de la vida nos reconforta saber que está en alguna parte. En este planeta o tal vez en otro.


Oigamos al respecto a James Taylor con la inspiradora canción de Carol King, You got a Friend:






lunes, 8 de septiembre de 2014

El Guía del Futuro.


Mucho se discute sobre la religión del futuro. Se habla de la unión de todos los credos (cosa que cada día se ve más lejana al seguir enfrentándose las religiones en cruentas guerras). También están los ilusionados con que el carismático Papa Francisco I (al único que no se le llama con el número de sucesión, pues todos tenemos la sensación de que no habrá Francisco II) sea quien aglutine el mundo alrededor de una renovación. Y finalmente, un grupo cada vez creciente de personas que sienten que las religiones están venidas a recoger y ya no tienen ninguna utilidad en una Humanidad más pensante y conciente.

No obstante, probablemente en ninguna de esas alternativas está la solución. Más bien está en lo que dice en uno de sus últimos capítulos el Libro de Urantia, refiriéndose a la figura siempre actual de Jesús. Él se aproxima fácilmente al corazón de la gente, siempre y cuando no se contamine su imagen y sabiduría con dogmas e intereses económicos.


Sacado Él de los ritos y el dominio de las masas, y desempolvada su palabra, es el guía del futuro en el que ya entramos. Su espléndido ejemplo sirve para regenerar nuestra desconcertante existencia, dándole un rumbo satisfactorio y un propósito, que es lo que más nos hace falta.


Veamos el texto:

10. El Futuro

(2084.1)  El cristianismo rindió indudablemente un gran servicio a este mundo, pero a quien más se necesita ahora es a Jesús

El mundo necesita ver a Jesús vivir nuevamente en la tierra, en la experiencia de los mortales nacidos del espíritu que efectivamente revelen el Maestro a todos los hombres. 

Es fútil hablar de un renacimiento del cristianismo primitivo; debéis seguir hacia adelante desde donde os encontráis. La cultura moderna debe volverse espiritualmente bautizada con una nueva revelación de la vida de Jesús e iluminada con una nueva comprensión de su evangelio de salvación eterna. 

Y cuando Jesús así se eleve, él atraerá a todos los hombres hacia él. Los discípulos de Jesús deberían ser más que conquistadores, aun fuentes colmadas de inspiración y de un vivir elevado para todos los hombres. La religión es tan sólo un humanismo exaltado, hasta que se la haga divina mediante el descubrimiento de la realidad de la presencia de Dios en la experiencia personal.

(2084.2)  La belleza y la sublimidad, la humanidad y la divinidad, la sencillez y la singularidad de la vida de Jesús en la tierra presentan un cuadro tan impresionante y atractivo de la salvación del hombre y de la revelación de Dios, que los teólogos y filósofos de todos los tiempos deberían reprimir el atrevimiento de formular credos o crear sistemas teológicos de esclavitud espiritual a partir de tal autootorgamiento trascendental de Dios en la forma del hombre. 

Con Jesús el universo produjo un hombre mortal en quien el espíritu del amor triunfó sobre las desventajas materiales del tiempo y trascendió el hecho del origen físico.

(2084.3)  Recordad siempre —Dios y los hombres se necesitan mutuamente. Son mutuamente necesarios para el alcance pleno y final de la experiencia de la personalidad eterna en el destino divino de la finalidad universal.

viernes, 5 de septiembre de 2014

¿Por qué pienso lo que no me conviene???

Es importante observarse a sí mismo. 
¡Ensáyalo! 


Mírate desde fuera, como si fueras un extraño.


Asombroso es el resultado, porque creemos que somos una cosa (inteligentes, concientes, exitosos, seguros, tal vez) y en realidad somos una mata de temores que acarrea sus propias fallas y desgracias.

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Porque estudiamos teorías de superación y hacemos cursos de filosofía y programación neuro lingüística, para inmediatamente olvidarlo todo en el día a día.

Entonces, la clave es mirarse, comenzando con los pensamientos.
Creo que ahí está la razón del envejecimiento. Ahí está la diferencia entre joven y viejo: El joven no sabe mucho. Está ingresando a la vida con cierta curiosidad, esperando qué? ¡AVENTURA! ¡SORPRESAS! (Puede que después termine envuelto en las drogas o en algo equivocado.... Pero el punto es que partió esperando maravillas)

En cambio, nosotros, los maduritos que pensamos que nos las sabemos todas porque ya hemos pasado por muchas cosas en la vida... Cuando pensamos en hacer algo, ¿Qué es lo primero que hacemos? ¡ANALIZAMOS LOS RIESGOS! En nuestra tontería tomamos partido por la fracción de posibilidades que implicarían que la actividad fallara.  ¡Increíble! ¡Pareciera que lo que queremos averiguar es cómo se hace para que esa actividad se malogre!

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No visualizamos lo que nos convendría, sino que le dedicamos nuestro tiempo y desvelos de media noche a evaluar (como todo un adulto), lo que podría salir mal.

Dizque para evitarlo (¿No será realmente,  para tener una disculpa para abandonar nuestro ideal sin remordimiento?)

Y no es que esté mal ser precavido...
El problema es que le damos tanto espacio en nuestra mente a las posibles fallas, que se arraigan allí,
precipitando precisamente lo que queríamos evitar.

Y la ilusión por el deseo que queríamos inicialmente concretar, ¿Donde quedó? Perdida. Olvidada. Perdió importancia. Es lo que tiene menos posibilidades. Lo que menos recordamos. Ni tenemos entusiasmo ni alegría ya ante el proyecto.

Nos parece que no es necesario tener lo deseado en mente, porque lo primero es analizar los riesgos.

Y con esto, simplemente, actuamos al revés de como actúa el Universo. 
Atraemos con nuestros pensamientos adversos, aquel resultado que no queríamos. 

Vale así el refrán:

EL TEMOR GENERA LO TEMIDO

Por ejemplo. En estos días en que me estoy observando con detenimiento, me doy cuenta. 
Mi cabeza no dice: "Quiero resolver este problema financiero". 
En cambio, mi cabeza martilla: "Estos problemas financieros pueden llevarme a la quiebra. No sé qué hacer".  Y ando por toda la ciudad con ese letrero inconciente.

Por qué más bien no digo: "Quiero regresar a mi habitual abundancia". ¿POR QUÉ???????
(Si mantuviera en mi cerebro la abundancia que supuestamente tanto me gusta, otro sería el resultado. No este círculo de estrés.)

Concluyendo:

Miremos nuestros pensamientos para eliminar todos los que no están alineados con lo que queremos lograr en la vida.

Actuemos un poco como los jóvenes. Arriesguemos un poco, sin descalificarlo todo por adelantado, saltando al mundo con la imagen de nuestro objetivo anhelado, permanentemente en nuestra frente y en nuestro corazón.


Así, las leyes de la energía, de la atracción, -que son impersonales y trabajan automáticamente-, se verán impelidas a concretar esa imagen feliz que está dibujada en mi mente y que es la que me impele a moverme y a esforzarme por el objetivo deseado.

Eso sí, Se necesita disciplina.

Pero aún en nuestra soberbia de adultos que ya todo lo han visto, podemos aceptar el reto de mantener en nuestro pensamiento ese mundo mejor que añoramos y también, esa pequeña o grande satisfacción que nos merecemos y para la que pareciera que no nos creemos dignos.

Un sistema podría ser hacer una corta lista de lo que queremos mantener en mente, redactada en absoluto positivo y si fuera posible, con imágenes que se pudieran visualizar fácilmente.

Y esta lista, dejarla a la mano para repasarla mientras se memoriza y es fijada en nuestra mente, casi obsesivamente. Tener presente nuestro objeto y confiar en que lo merecemos, son la clave.



sábado, 2 de agosto de 2014

Nuestro escenario: Urantia

Si se pone uno a pensar en la hermosura de nuestro planeta, adornado con cascadas, lagunas, montañas, playas, picos nevados, azules cielos, sonidos de brisa entre hojas de mil especies arbóreas distintas, que a su vez son hogar de aves de colores de inspiradores cantos...

¿De qué Cielo es reflejo esta belleza?

Y si absteniéndose de la idea de un Creador externo, si acepta que es una proyección cinematográfica, la ilusión colectiva resultante de los pensamientos de la Humanidad, solamente queda concluir que nuestro planeta surgió en épocas en que el ser humano era más "humano" o al menos, más simple... más ingenuo... Más bello interiormente. Más armonioso...
Gente de cuya mente emanaban ideas bonitas.

Porque, en cambio, lo que estamos creando con nuestros pensamientos y esfuerzos ahora, es frío y caótico; si no violento.

¿Quienes fueron quienes crearon entonces nuestro astro, esa Urantia preciosa, escenario equilibrado y perfecto que aún se mantiene en algunos sectores no arrasados todavía por el "rey de la creación"? 

¡No creo que hayan sido cavernícolas greñudos!

Debieron ser civilizaciones perdidas en el pasado, que alcanzaron elevados niveles de sabiduría y estética, quienes mediante su pensamiento colectivo plasmaron el agradable telón de fondo de nuestro sueño. Seres que ya no están, definitivamente con nosotros.

¿Serían atlantes o lemures? ¿Viajeros del tiempo o del espacio implantados en divino experimento? Sabios sonrientes: artistas del pensamiento. Gente que sabía que era hija de la Luz. Gente de la que quedan recuerdos tenues en la arqueología y los mitos.

En todo caso, no eran como nosotros somos actualmente.



La Rueda de las Encarnaciones

Budistas e hinduístas han interpretado la existencia como una rueda sin fin de encarnaciones, en la cual el alma asume la experiencia de los seres más elementales hasta los animales y el ser humano, pasando por los minerales y los vegetales. Luego pasa al nivel de los héroes, los "superhéroes" -en nuestro lenguaje occidental-, llegando a los espíritus angélicos, los hambrientos y hasta demoníacos... Vuelta a empezar. El objetivo es entonces, lograr salir de esa espiral eterna, en la que nos enredamos unos con otros, nos agredimos, nos perseguimos, nos volvemos dependientes... ¡La locura!
Según esos místicos, tras la muerte, la siguiente experiencia o encarnación estará determinada por:
  1. Las obsesiones
  2. Los deseos insatisfechos
  3. Las cuentas pendientes (culpabilidad, odio) y 
  4. Por los pensamientos dominantes en el momento de la muerte.
Probablemente es así. Con la visión del Durmiente, esto tiene mucha lógica: Porque lo que aparentemente hacemos no es "reencarnar", sino saltar de un sueño a otro, en una cadena que no termina nunca... Y el siguiente se fabrica sobre los pensamientos dominantes del anterior. Los que nos obsesionaron. Los que no pudimos soltar.

Así, que nada más lógico que la urgencia de zafarnos de apegos, rencores y recuerdos (incluso cuando son recuerdos bellísimos); porque no queremos quedarnos para siempre dando vueltas en aventuras que no nos llenan y que al final fallan. 

Tengamos en mente que el pasado no existe más que en un destello de la mente del Durmiente... Una fracción de segundo en la que ocurren un montón de acciones inconexas. Por suerte, sin consecuencias reales ni implicaciones que nos puedan dañar a nosotros ni a los demás, aunque de momento nos parezca lo contrario y creamos que los errores son irremediables. Pero, entandamos: ¡Es un sueño! No le demos una trascendencia que no tiene. Podemos acabar con esta rueda si somos concientes de ella.

Entonces, a medida que nos acercamos a la despedida de esta ilusión, esforcémonos por irnos deshaciendo de ese equipaje que nos ha venido poniendo encima el Ego día a día. No lo necesitamos. Lo permitimos, por bobos... Pero no hace parte de nuestro verdadero ser. Por eso pregunta el koán: "¿Cómo era tu rostro antes del nacimiento de tus padres?" En esencia no tenemos rostro bonito ni feo... somos pura Luz.

De manera que quitémonos etiquetas y ropajes. Volvamos al Ser esencial, para que en el momento de la "muerte", no haya nada que nos jale hacia abajo, y nos lleve a seguir durmiendo y a seguir sufriendo pesadillas de penas o de gloria efímera.

Y ¿cómo lo hacemos? Igual que al meditar: Miremos pasar los sucesos cotidianos como quien ve pasar las nubes arrastradas por el viento por una ventana. Qué no nos marquen ni nos afecten.
Que nada se nos quede pegado. Que no haya recuerdos qué rumiar, ni para bien ni para mal. Para que en el momento crucial estemos vacíos y libres, de manera que el Ego no nos pueda poner a escoger entre nada y nada. 

¡Confío en que así lo burlaremos brillantemente!

domingo, 22 de junio de 2014

Meditación del Instante Santo


Recuerdo guías de meditación budistas que recomendaban imaginarnos sentados frente a un lago con suave oleaje, mientras acallábamos nuestra mente paulatinamente, para que el agua empezara también a calmarse, hasta el punto de que su superficie fuera un espejo donde se reflejara la Luna llena.

De manera similar, en la meditación del Instante Santo, -llamada así, porque nos hacemos el propósito de lograrlo al menos por un instante-, fijos en el presente, anclados en el momento actual, sin dejarnos tirar hacia atrás por el pasado ni preocupar o ilusionar por el futuro, es posible entrar en una especie de callejón que conduce directamente hacia el centro de la Galaxia de Galaxias, que se avisora desde uno de los millones de planetas que debemos saltar como piedras de río, con el fin de llegar al Otro Lado: a las cercanías del Paraiso...

...Visión espectacular de la que ya nada mundano puede distraernos... Cesa la lucha por mantenerse en meditación, porque la meditación misma nos absorbe.

Nos hemos colocado en el centro de nosotros mismos y de allí nadie nos puede mover.

Agazapados en nuestro pequeño planeta fronterizo, como el Principito, escudriñando en la distancia ese relámpago de luz brillante en espiral, suspiramos por el anhelado Retorno al Hogar. Como el hijo pródigo. Sin saber si allí alguien tal vez nos espera... Como en efecto, Alguien nos espera con ansia y amor.

Respiramos profundamente y nos damos ánimo para dar el salto. El Gran Salto. Tal vez lo que otros llaman La Ascención. La Sublimación. El Trascender. El Samadhi. Y.. ¡Qué sorpresa! no se requirió de más que de un pequeño esfuerzo de nuestra parte, un romper por un momento el miedo y saltar, para que una Fuerza indecible nos acogiera, conduciéndonos al centro mismo de lo más brillante de esta nebulosa.

Nos abandonamos al vuelo delicioso y fresco, libres por primera vez, seguros de que nada malo puede suceder y concientes de nuestra eternidad y totalidad.

Es allí cuando el lago budista, hecho de millones de estrellas con sus satélites y meteoros, se muestra a nuestra vista con sus olas doradas y de suavidad infinita.

Termina nuestro salto cuántico, lanzándonos de cabeza como campeón de natación en ese mar dorado de Amor que ondula en música y abraza maternalmente. Quedamos con el cuerpo cubierto de partículas de oro... Como en Guatavita cuando se investía el nuevo cacique: el Zipa.


La sensación del ingreso es neutra, pero vital y poderosa. Entramos en el líquido fotónico y nuestros brazos se ven cristalinos al nadar bajo la superficie. Caemos en cuenta de que el resto del cuerpo tambien se ha hecho transparente.

El transparente de una gota de agua que cae en el mar:



Entraremos en nuestra escencia. En nuestro origen. Por un instante estaremos en el corazón de Dios.

Ese es el Instante Santo. El instante de unidad. Del retorno.

Ya no habrá diferencias entre Dios y nosotros... No habrán límites que nos separen de Él, ni de ninguno de nuestros semejantes...

Flotando en el lago dorado, sin ninguna separación de él, ¡Porque ya seremos el mismo mar de polvo de estrellas de oro!

La mejor sensación que podemos experimentar aquí. Con la práctica, podremos prolongar poco a poco este instante, hasta que llegue el momento del despertar total. ...Que a lo mejor, no está tan lejos como nos tememos...