martes, 13 de octubre de 2015

Reportaje de la Belleza

Así como en mi infancia, jugando en el jardín con la nariz metida entre la hierba, mi imaginación volaba con la posibilidad de conocer el microuniverso que adivinaba en el suelo, y de recibir información sobre ese escondido mundo en miniatura, pleno de vida, diversidad y actividad... Ahora quiero ser el cronista al servicio del Creador, transmitiéndole todo lo que vale la pena en esta existencia que Él me mandó a explorar, tal vez con la misma intención de enviar un reportero a un mundo muy chiquito.

La hormiguita que hubiera podido contratar para que me hicera fabulosas tomas fotográficas de la gigantesca hoja de pasto vista desde abajo, o la eclosión de los huevos de mariposa o el caminar colorido de la mariquita buscando pareja, a escala 1:1, me hubiera dado un gran gozo en esa edad de curiosidad y sorpresa por la Naturaleza.

El mismo gozo que yo puedo transmitir a mi Creador, registrando todo lo hermoso que sucede a mi alrededor. Pero solamente las cosas que aparentan ser hermosas... -Puesto que estamos en el mundo de las apariencias...-

Así, con los ojos de quien nunca mira las fallas ni lo negativo. De quien se asombra del inmenso potencial al conocer a alguien, por ejemplo... Quien jamás critica ni destruye: Sino que está abierto a reportar todo lo maravilloso que la vida va a traer.

El periodista enviado a escudriñar todos los días buenas noticias y motivos de alegría... El transmisor de armonía, que es lo afín con el divino Observador, de bruces en el jardín esperando informes bellos y asombrosos.

Y lo mejor de esa labor sería no solamente la comunicación permanente con el adorable Gran Jefe, sino que lo positivo y lo hermoso -afín también con cada uno de nosotros- nos brindaría un permanente estado de éxtasis ante la perfección de la Naturaleza y de la Humanidad! Si. Porque la Humanidad, si la miramos bien, también es perfecta.

Creo que esa actitud es la que nos corresponde, para dejar de crear lo que no deseamos y seguir sufriendo, como anuncian las Cuatro Nobles Verdades. Para darle un vuelco a este mundo, que como está, no nos gusta.

Experimentemos aunque sea un solo día: Busquemos cosas bonitas, altruistas, agradables para la crónica. Y cuando las detectemos, simplemente digamos. "¡Qué lindo esto!". Esa frase activará el botón para enviar el informe al Ser Superior. (Y nos impulsará a sonreir a horas en que jamás lo hubiéramos hecho).

Por otra parte, si nos pillamos pensando u opinando algo negativo, digamos simplemente "Perdón", como signo de que nos dimos cuenta del error. Contabilicemos cuántos "Perdón" decimos en el día (10?, 20?), para ver qué tan positivos somos... Y podremos comparar nuestro avance día tras día, si somos constantes en este ejercicio.

¿Aceptamos el reto?

domingo, 11 de octubre de 2015

Más del Ojo Que Todo Lo Ve

Ahaja!!
Nada qué lamentar... el Creador se asoma en todo y en cada uno de nosotros.
Su Presencia es el Gozo y la Conciencia. Así, salta de una dimensión a otra. ¡Es es su Existencia!
De manera que nosotros, sus chispas, venimos a lo mismo: ¡Al gozo y a la Conciencia!

No se espera que nadie sufra. Todo debe fluir alegremente...
Lo que vemos es a Él paseandose por este mundo.. y luego por otro y por otro, y otro más.

La omniciencia y la omnisapiencia son obvias ante tanta mirada. Ellas armoniosamente observan los colores, las energía y los amores. La dicha. Hasta ahí debería ser.

Él es el Observador mayor y a la vez nosotros somos pequeños observadores, que cuando somos concientes, nos mantenemos gozosos también. No hay que sufrir. Si sabemos quienes somos, ya no pondremos barreras a la energía ni a nuestros semejantes. Todo será armonía y belleza.

La Humanidad. Un conjunto de micro-testigos del Gran Uno. El Supremo Observador, ¡Disfrutando!
Disfrutemos pues. Esa es nuestra existencia eterna: esa es nuestra escencia.
No hay más destino ni más conquista. Como en el Zen: Nada qué obtener, nada qué lograr.

 Concientes de nuestra dicha y nuestra divinidad. Ese es nuestro objeto, auto elegido por nosotros mismos, todos los Santos del Cielo.

Perdón y cuenta nueva. Posicionémonos en nuestro papel divino con alegría y este mundo empezará a cambiar para nuestro bienestar.  ¡Juntos en permnente y comburente unión!



sábado, 10 de octubre de 2015

El Ojo Que Todo Lo Ve

Ya sé quién soy: Soy La Conciencia.
Somos el Ojo-Que-Todo-Lo-Ve
¡Somos Uno!


Soy el Espectador de las Mil Maravillas fragmentado en millones de ojos. En millones de sentidos.

Fui uno de los delegados para explorar este bello mundo...
-uno entre millones de posibilidades- para el disfrute del Todo. ¡De todos!

Solamente veo lo bello. Porque lo bello es lo que va conmigo y con mi Origen,
Creador de la Belleza y de la Aventura.

Vine a observar. Con todas las demás neuronas humanas de la Gran Conciencia.

Así que debemos mantenernos en lo hermoso; en lo positivo;
en el buen augurio; en las palabras amables; en la confianza de que todo saldrá bien.

Debemos mantenernos en el gozo de ser concientes; en la gran Paz del Creador,
porque somos parte de La Conciencia.

Ya por fin sé quien soy:
¡Soy la Conciencia que se observa a sí misma!!!!

sábado, 19 de septiembre de 2015

Yo no sueño nada... O si sueño, no me acuerdo...

Cuando se nos van los sueños al despertar y no los podemos recordar, se hace así y es infalible:
En la mañana, aún en la cama, boca arriba y con las piernas y brazos estirados, imaginar un punto de luz sobre nuestros pies unidos, que empieza a girar alrededor de nuestro cuerpo estirado,

CLAVE: en el sentido contrario a las manecillas del reloj. OJO: ¡Todo esto con los ojos cerrados!


La lucecita va generando a su paso una línea dorada espiral que nos enuelve (según me enseñaron originalmente, contra malas energías) y dependiendo de la densidad con que queramos envolvernos, va subiendo hacia la cabeza. Al llegar a ella, podemos volver a bajar siempre envolviendo en contra de las manecillas del reloj.

El caso es que cuando uno hace esto, los ojos cerrados describen círculos en un movimiento inusual que según mi interpretación, desenrolla literalmente el sueño olvidado y lo vuelve a traer a nuestra mente conciente.

Ese es el método. Y como dije: No falla nunca. Es una delicia para que no se escape ningún episodio a los amantes de interpretar los propios sueños. Espero que les funcione...

Lo encontré, porque desde muy pequeña le dí gran importancia a los sueños. Los anotaba en eternas libretas de letra chiquita, constituyéndose en relatos fantásticos de ciencia ficción, porque mi imaginación nunca tuvo límites. Luego, algunos días despúes, gozaba pasándolos en limpio en un cuaderno bonito y recordando mis aventuras.

Mi hermano menor, en mi cumpleaños me regalaba las libretas que yo consumía ávidamente... hechas a mano, con recortes de papeles usados... ¡Una belleza! Yo las dejaba sobre la mesita de noche con un lápiz y, CLAVE: lo primero que hacía al despertar, antes de hablar o atender algo, era escribir rápidamente las guías que me permitirían recordar la totalidad del sueño de esa noche.

Hubo luego, a los 15 años, muchas libretas quemadas el fuego puro, a cielo abierto, en el Montecito  de nuestra casa campestre. Sentía que si alguien las leyera descubriría todos mis secretos sicológicos. Sin embargo, seguían produciéndose más libretas... Y conservo unas dos, que lamentáblemente no son tan locas como las primera, pero me siguen gustando.

Pero cuando vino la juventud, otras cosas ocuparon mi mente y los sueños cambiaron a encuentros con personajes posibles e imposibles de mi fantasía. Y los sueños de vuelos de montaña a montaña y de mundos de lógica inversa desaparecieron por décadas. Ya era yo de los tristes adultos que dicen: "Yo no sueño nada... O si sueño, no me acuerdo" Y es triste, porque el sueño, además de divertir, siempre nos enseña algo relacionado con lo que estamos viviendo.

Vino mi ingreso formal a la práctica de la meditación, y un maestro jovencito me enseñó, por casualidad algo, una metodología, que era para otra cosa: Era una forma de "protegerse" cada mañana contra malas energías. Y así, descubrí que este método rebobinaba la memoria inmediata y permitía recordar el sueño de la noche pasada. ¡Es fabuloso!




sábado, 5 de septiembre de 2015

¿Cuál es nuestra esencia?


Leí un interesante relato del Dr. Wayne Dyer, -que a propósito, era un gran maestro y murió hace pocos días en Hawai-.

Este doctor escribió varios libros que originalmente eran de autoayuda... Como muchos, y con un gran éxito editorial... Para mi gusto nada muy especial. Sin embargo, después se fue volviendo más y más espiritual y profundo, culminando con una experiencia mística que lo convirtió en un sabio, cuyas opiniones sobre muchos temas me han parecido reveladoras.

Es el caso de la conferencia a la que llevó una naranja y pidió a un asistente que le dijera qué saldría de esa fruta si la exprimieran-. El asistente dijo, "Pues saldrá jugo de naranja". El doctor Dyer insistió: "Y si la pinchamos, cortamos y presionamos, ¿Podría salir jugo de guayaba?". El asistente a la charla, medio molesto, le contestó que eso era imposible.


Entonces, el doctor Wayne Dyer preguntó entonces, "¿Por qué si la exprimo sale jugo de naranja?" a lo que la gente contestó: "Porque eso es lo que hay adentro".

El doctor concluyó: "Supongamos que esto no es una naranja, sino que somos nosotros: ¿Qué sale cuando la gente o la vida nos oprimen...? Cuando algo nos ofende o nos hiere?"

"No importa quien sea el que nos exprime: el jefe, nuestro padre, nuestro vecino... Si la rabia, el odio o el dolor salen de nosotros, es porque eso es lo que tenemos dentro".

"Y si en cambio, nos ponemos a la tarea de permitir que el amor reemplace todo lo que está contenido en nuestro interior, probablemente de nosotros no podrá salir, en ningún caso, otra cosa que no sea amor".


Clarísimo, Doctor Dyer.



viernes, 4 de septiembre de 2015

Desaparecer en la meditación


Imaginemos que somos un pequeño buda de azúcar que adorna una torta de cumpleaños en Vietnam o Japón. Una torta muy especial, porque fue fabricada para un niño muy especial.

Pero da la circunstancia que él vive en un pueblito lejano al que se debe llegar por balsa atravesando el mar. El balsero rema.

Va esa ligera balsa en aguas profundas, con su preciosa carga de festividad y alegría. El buda de azúcar se sabe importante y se mantiene muy serio sobre la torta, oscilando con la marea a derecha y a izquierda, pero sin perder la concentración, pues está, como siempre, meditando.

De pronto, viene una ola  alta que ladea la balsa, e inusitadamente y a pesar del esfuerzo del balsero por recuperar el preciado encargo, el pequeño buda resbala y ¡Cae al mar!


¡Bluup! Desciende despacio entre el agua, que con sonidos raros y oscuros deja entrar rayitos torcidos y salados de sol. Azul claro.  Verde oscuro... Azul oscuro... ¡Negro!

Somos ese buda... Sentimos la caída... el frío del agua salada... Caemos con los ojos cerrados. Entrando en el silencio... Perdiendo nuestro ego hasta un nivel impensable, porque el azúcar se va disolviendo en el agua y de nosotros y nuestra importancia, ya pronto no quedará nada.

Se disolvió. Somos solamente agua en agua. Silencio. Conciencia.

jueves, 27 de agosto de 2015

Un mundo de abundancia y felicidad

En mis incursiones por el budismo del Camino del Diamante aprendí el uso de los mantras.
Palabra o frase repetida hasta la saciedad con la ayuda de un rosario que se denomina el Mala y que tiene 104 cuentas.


Es muy frecuente el OM MANN PADME HUM y muchas frases más en sánscrito que los budistas utilizan para acceder con una idea el subconciente e imprimirla allí. El lama Ole dice que el mantra se pega en la piel del meditante de tanto repetirlo y empieza a transformar a la persona.

Caí entonces en cuenta de que podemos nosotros también utilizar uno o dos mantras personales, a niveles no tan elevadamente espirituales (aunque también allí), logrando con ello mucho más que lo que hacen las usuales "afirmaciones" que indican algunos autores de libros de autroayuda.

Por ejemplo: Qué nos cuesta darle dos vueltas al mala (208 repeticiones) al despertar, diciendo:

"Veo un mundo de abundancia y felicidad"

Esa frase nos irá afectando y al cambiarnos, cambiará nuestra forma de ver el mundo, que es lo único que se requiere para que el mundo cambie. Porque el mundo está dentro de nuestra mente. Es relativamente fácil comprender esto... Pero muy difícil romper con el complejo de culpa que nos dice que aunque así fuera, no merecemos un mundo feliz. Nos da miedo ser felices. Creemos tan improbable la felicidad, que volteamos la cara para otro lado sin mirarla y preferimos seguir quejándonos de lo que vemos en el mundo, como si fuera ajeno a nuestros pensamientos.

Entonces, ahí es donde el maravilloso mala nos ayuda a reforzar la idea dentro de nosotros y a aceptarla en nuestra mente, escenario de todas las películas del mundo.

La frase que propongo hoy la he pensado mucho. Creo que es suficiente, pues abarca todo lo que pudieramos necesitar. Mejor que "Quiero paz" aunque también es muy válida. Pero cuando el mundo entero es feliz, obvio que tenemos paz.

Es una frase mejor que "Quiero salud", por la misma razón: si somos felices, es difícil que nos esté aquejando una enfermedad molesta.

Y para quienes sufren por los aspectos económicos y dicen que antes que cualquier dedicación espiritual, es necesario sobrevivir en este inhóspito y caníbal sistema, el ver abundancia es lograrla y por lo tanto, suficiente para liberarlos de su preocupaciones materiales.

Ojo: No estamos "pidiendo" en actitud de víctimas o seres inferiores. Estamos "viendo" lo que queremos ver, lo que nos conviene, lo que nos gusta, lo que nos da la gana, porque somos los hijos de Dios.