viernes, 25 de abril de 2014

No Tengo Pensamientos Neutros. UCDM. Lección 16.

El problema no es que los pensamientos no sean neutros, sino que frecuentemente son negativos. Alex Arroyo escribió un libro sobre el tema, solucionando el conflicto mediante sesiones de la técnica del "tapping", que ya hemos analizado en este blog anteriormente; altamente efectiva aunque combatida con saña por todo aquel que obtiene réditos de la enfermedad de la población.

Él afirma que cada día tenemos alrededor de 60.000 pensamientos; de los cuales el 90% son negativos o están relacionados con temores e inseguridad. Entonces, ¿Por qué nos asombra el resultado? Y no solamente como personas, sino como colectivos... Como que todo tiende a salir mal en el mundo, y empeora entre más conversamos y entre nosotros afirmamos las noticias oídas de que así es.

La máquina de pensar que tiene nuestra cabeza no descansa. Pero eso no es lo peor. Su problema fundamental es que no deja que nos relajemos y permitamos que las cosas sean como son. En cambio, siempre está tomando partido. A tal punto que ninguno de nuestros pensamientos es neutro. Esto quiere decir que en el momento que vemos algo, automáticamente nos colocamos a favor o en contra de ello. 

Esta reacción casi incontrolable causa que nos opongamos a cosas que ni siquiera nos hemos preocupado por estudiar. Que critiquemos y condenemos a personas que ni conocemos. Que deseemos o rechacemos objetos sin analizar su función. Solamente por una primera impresión o a lo mejor, por una opinión que vino del exterior.

Hagamos el ejercicio de sentarnos unos minutos a observar los pensamientos que cruzan nuestra mente.
Rara será la persona que oye sobre un acontecimiento de manera neutral, como informándose de un hecho sucedido. La reacción natural será encadenar lo oído con otros hechos del pasado o del repertorio de la persona, para calificarlo (generalmente mal).


Lo grave de esta actitud en que permanecemos es que la realidad cada vez se aleja más de nuestra comprensión. Porque seguimos con nuestro hábito de fabricar nosotros los hechos, con pensamientos no tan inocentes y no tan rectos. El resultado es todo un salpicón de chismes y probabilidades, que depende del pesimismo y falta de fe, del día.


La segunda parte del ejercicio es entonces: Corregir uno a uno los pensamientos, con una redacción cuidadosa y adecuada. Por ejemplo: En lugar de decir "La crisis económica está afectando a casi toda la industria nacional", cambiar por "La industria nacional ya ha sido capaz en otras ocasiones de superar la crisis económica".

O también: "No sé cómo me va a salir esa invitación a comer, con esos invitados tan complicados", redactar más bien: "Espero que los invitados se sorprendan gratamente con la comida que les preparamos".

A medida que practicamos, los asombrados vamos a ser nosotros al comprobar nuestra inseguridad interna... Que creemos que está oculta a los demás, escondida en nosotros, pero que es evidente cuando se analizan los resultados: El mencionado autor también dice: "Dime qué piensas y te diré quién eres".